Sobre hacer lo que no queremos

Hacemos lo que no queremos por una muy buena excusa, que suele confundirse con razón.

Hacemos lo que no queremos por miedo al rechazo, a que nos critiquen o nos pongan cara rara.

Hacemos lo que no queremos por vergüenza, timidez o simplemente porque no sabemos decir que no.

Pero lo cierto es que hacemos lo que no queremos muchas veces por sentir que no estamos a la altura de hacer las cosas que verdaderamente queremos.

Entonces dejamos que lo que no queremos nos aleje del camino que sí queremos.

Miedo, rechazo, vergüenza, baja autoestima. Las infinitas formas de una ansiedad incómoda, pero no lo suficientemente incómoda como para quejarnos en voz alta. Y a la que aliviamos haciendo lo que no queremos.

Ese alivio que sentís al hacer lo que no querés no es alivio. Es engaño.

¿Qué es peor? ¿La incomodidad de tener que tomar una decisión con propósito o las marcas que le quedan a una existencia que vive al costado de lo que desea?

Una salvedad: muchas veces hacemos lo que no queremos por un bien superior o posterior. Eso es sacrificio, y ante eso me saco el sombrero. Pero lamentablemente no siempre es el caso…

Pienso luego insisto

La insistencia es un arte en sí mismo. Porque te invita a crear oportunidades donde no las hay, te desafía a encontrar la última gota de energía cuando todo es cansancio y te recuerda que tenés un punto de referencia cuando todo es confusión.

Por eso pienso, luego insisto.

Insisto hasta que me salga.
Insisto hasta que suceda.
Insisto hasta que tome forma a pesar de que todo el mundo diga lo contrario.

Insisto hasta que la realidad me demuestre que estoy en el camino incorrecto. Entonces cambio de plan, que sería lo mismo que insistir pero con otras palabras.

Insisto para salir de la norma de hartazgo, de la cultura del abandono, de la epidemia de mediocridad. Insisto para recordarme que el único fracaso es dejar de insistir.

“¿Y no te cansas nunca, che?” 

Claro que si. Y también le peleo, me aburro, me desenamoro de mis ideas y lloro cuando corto cebollas pero no por eso voy a dejar de hacer empanadas. Porque después de que se me pasa el cansancio, el aburrimiento y la frustración queda un vacío que siempre me lleva a la mismo pensamiento: “¿Y ahora que hago?”

Y eso también es insistir.

Separaciones creativas

Nunca escribo la primer línea frente a la hoja en blanco. Siempre sucede mientras estoy haciendo otra cosa, mientras me estoy “separando” de mi entorno creativo. Lavando los platos, caminando, mirando una película. ¡Cualquier otra cosa! Es en esa distancia entre mi ser y mi hacer en donde siempre surgen las nuevas ideas.

Con los años aprendí que la separación es una herramienta increiblemente poderosa porque -hace espacio-

Si no me separo un poco de las cosas que me apasionan, tarde o temprano las termino odiando.

Si no separo lo urgente de lo importante, me termino olvidando de mí.

Si no separo los elementos de trabajo, acabo malutilizándolos.

Si no separo el arte del resto, lo termino arruinando.

Si no separo las horas de esfuerzo de las horas de ocio, me termino agotando.

Si no separo lo que veo de lo que quiero, me termino desenfocando.

Entonces, separo para hacer espacio. Separo para ganar perspectiva. Separo para respirar. Separo para ver desde otro lugar. Separo para verme. Separo para entender qué es lo que está pasando.

Y lo que sucede en ese espacio libre (insisto, intencional) que queda es muchas veces el próximo paso.

¿Será por eso que nunca tengo bloqueos creativos?

De templos, críticas y comentarios

¿Cuántos templos deben derribarse para apagar un alma? A veces solo basta una comentario para frustrar una conquista. Frente a lo que sea que te hayan dicho sobre tu idea, tenés que saber dos cosas:

1. Lo que las personas dicen habla más de ellas que de vos

2. Las personas son expertas en comentar, no en la materia de tus ideas

Y no se trata de no escuchar los comentarios y/o críticas externas – de hecho gran parte del proceso creativo se basa en saber escuchar lo que la realidad tiene para decirte – sino de poner las cosas en contexto. El contexto es lo único que te va a permitir avanzar en tu propósito a pesar de una burla, una crítica en los comentarios de tu blog o un padre que no aprueba la carrera que elegiste.

No hay contexto más poderoso que el uno mismo crea en base a las cosas que le hacen sentido y le hacen arder el alma. Desde ahí, podrán derribar todos los templos que quieran pero ningún escombro podrá apagar tu fuego.

El próximo botón

Nada más evidente que dar el próximo paso. Ahora viene en forma de botones, notificaciones o barritas para deslizar con el dedo. Es tan sencillo que practicamente no hay que pensar. Simplemente presionar y seguir.

Desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, a cada instante tenemos un próximo botoncito que presionar. ¿Alguna vez te pusiste a pensar hacia donde te llevan las cosas que hacés una y otra vez en tu vida? La gracia del diseño es que no tengas tiempo para ello.

Así entrás en automático y te volvés funcional al diseño. Un diseño que quiere que veas algo, y que hagas algo en función de lograr algo que probablemente no tengas idea.

Salir de lo automático para entrar en lo conciente es el desafío más humano que conozco. Y cuando hacés eso suelen pasar dos cosas: un montón de acciones que realizabas dejan de tener sentido, y un montón de cosas que querés hacer no encuentran lugar en el diseño en el que estás metido. Pero entonces el diseño se agrieta, se empieza a romper y eso da lugar a que hagas algo con sus pedacitos.

Algo tuyo.

Con un pié en el propósito y el otro en tus curiosidades empezás a dar tus propios pasos. Hacés algunos cambios en tu agenda, movés los muebles de lugar, te comprás algunos elementos, le hacés saber a algunas personas que estás en algo grande y avanzás. Decodificando tu pasado, re-organizando el presente y proyectando el futuro. Sin botoncitos ni barritas para deslizar con el dedo. Porque el próximo paso de una persona que está recorriendo su propio camino de la creatividad nunca es tan sencillo de identificar. Pero eso ya no te preocupa, porque encontraste en lo difuso la gracia que nunca podrá ofrecerte lo evidente.

Algo que decir

Cualquiera puede componer una canción, escribir un poema o pintar un cuadro. Solo se necesita la intención de hacerlo y una pizca de dedicación. Lo verdaderamente dificil es tener algo que decir a través de esas creaciones.

Y “algo que decir” no es algo que uno pueda aprender haciendo un curso, ni existen diplomaturas que nos garanticen la capacidad para ello. Lo que sea que tengamos para decir forma parte del bagaje de nuestra vida, cúmulo de experiencias, sensaciones y emociones, que cada uno de nosotros lleva puesto en su interior.

Si quiero ser más creativo, debo asegurarme de vivir más mi oportunidad de vida. Esto significa ser más conscientes, sensibles, permeables y proactivos ante lo que nos sucede. En lugar de dejar que las cosas sucedan, suceder con ellas como verdaderos creadores de nuestras memorias.

“Los grandes artistas copian, los genios roban” (Picasso), pero los mejores siempre tienen algo que decir.

La esencia de las cosas

Las grandes ideas surgen cuando uno llega a la esencia de las cosas, sean estas problemas, desafíos, o simples momentos de exploración.

La esencia siempre mora en lo profundo, y toda profundidad requiere esfuerzo y persistencia para ser conquistada. Pero lo que yace allí abajo (o ahí dentro) es un misterio cuya revelación puede significar una verdadera revolución.

Así como nunca llegamos al fondo del océano si nos quedamos haciendo la plancha en la superficie, nunca arribaremos a grandes ideas si no estamos dispuestos a zambullirnos en el proceso y hacer los esfuerzos que ameritan salir a su encuentro. Y uno de esos esfuerzos es sortear todo aquello que nos retiene en la superficialidad de las cosas.

La creatividad no es cosa de tomarse a la ligera…

Predecir/ diseñar/ preguntar

Cuando se asume un proceso de creación, es frecuente que el trabajo se organice en un esquema de predecir / diseñar / ejecutar. Muchas veces aquello que sucede luego de la ejecución está en sintonía con lo predicho y otras veces no.

Al ejecutar entramos en contacto con la realidad. Y la realidad incluye también todo aquello que no podemos predecir: lo inesperado, lo incalculable, lo que excede a nuestro universo. De ese universo desconocido surgen los errores, los desvíos, las frustraciones. Pero en ese mismo espacio suceden los hallazgos, las grandes ideas, las oportunidades.

La clave está en la intención. ¿Qué tal si en lugar de ejecutar con la idea de ir al alcance de lo predicho, ejecutamos en tónica de consulta hacia la realidad? Uno predice, diseña, y luego le consulta a la realidad a través de cada intento: “¿Qué te parece realidad?” Su respuesta es siempre una lección.

Así nos evitaremos frustraciones, el desaliento cuando las cosas no salen como lo imaginamos, y podremos hacer de cada suceso inesperado un verdadero hallazgo creativo.

predecir / diseñar / preguntar

La distancia necesaria

La pandemia me encerró en casa, y en casa me encontré mucho más cerca de mis instrumentos musicales. Al principio, tenerlos al alcance de la mano se sintió como un privilegio que supe aprovechar componiendo y produciendo mucha música.

Pero con el paso de las semanas, esa cercanía con mis elementos se empezó a naturalizar y al poco tiempo comencé a notar que la inspiración musical sucedía cada vez con menos frecuencia.

Entonces comprendí que el hecho de no tener siempre las cosas al alcance de la mano (de extrañarlas, digamos) alimenta nuestras ganas de encontrarnos con ellas. Y las ganas son el condimento más importante en la receta de la inspiración.

“Los enamorados se enamoran mucho más cuando no están juntos.”

Desde entonces apelo a una estrategia de “separaciones necesarias” de mis elementos, con el simple objetivo de extrañarlos un poco y alimentar mis ganas de encontrarme con ellos. Y puedo asegurarles que funciona, siempre y cuando los recursos a los que apelemos para separarnos no nos desvíen (o distraigan) demasiado del camino.