No es que los demás sean mejores que nosotros…

“Todo lo que ves a tu alrededor fue creado por personas que no son más inteligentes que tú” dijo alguna vez Steve Jobs en una entrevista y me cayó como una granada en la conciencia. Y eso no significa que todos tengamos el mismo coeficiente intelectual, sino que cada uno de nosotros es muy bueno/muy capaz en algo en particular. Todos somos iguales de capaces en lo de cada uno.

Sin embargo no es así como solemos sentirnos:

“A ella le sale mejor que a mi”
“No tengo lo que se necesita”
“No estoy para eso”
“Él es un afortunado por que…”
“Todo lo que hago me parece malísimo”

En el juego de la comparación, nosotros aún siendo los jueces, siempre sacamos el menor puntaje. Entonces no arriesgamos, no jugamos, no exploramos, no intentamos, y terminamos construyendo una cajita en la que “vivimos lo que creemos merecer”. Allí dentro poco sucede, y eso ya lo sabés.

No es que los demás sean mejores que nosotros, es que nosotros no somos mejores con nosotros.

Todo comienza con asumir que hay una parte de nuestra que nos es absolutamente desconocida. ¿Y si esa parte es la que tiene la capacidad de hacerle una muesca al universo?

El solo hecho de plantear la posibilidad nos puede ayudar a despertar la curiosidad.

La autoestima no es una virtud. Es una habilidad.

Primero, aprender a quererse. 

Reconocernos humanos, sensibles, creativos. 

Capaces de ser y hacer más allá de lo que imaginamos. 

Vulnerables. Rotos y emparchados.

Pero dispuestos.

A soñar lo que nos plazca.

A hacer lo que nos gusta.

A crear lo que nos falta.

A cambiar lo que haga falta.

Para así reconocernos en el espacio… en el tiempo…

Siendo… haciendo…

Y descubrir… que el reflejo en el espejo no es solo una imagen,

Sino una historia que contar.

La autoestima es una habilidad que cuando se ejercita puede transformarlo todo. ¿Qué tal si empezamos hoy?

Tu idea vale el esfuerzo

Sobre dejar las ideas para más adelante…

Toda idea tiene su “momentum”. Un marco temporal en el que nos conectamos, tenemos su energía, nos dan ganas de que suceda y nos animamos a tomar riesgos. Una vez pasado ese marco temporal, es difícil que tengas ganas de sintonizar con ella.

Por eso, esa idea que te está dando vueltas por la cabeza HOY, espera tu respuesta hoy. ¡Aunque sea a través una simple acción o intento! Posponerla es desperdiciar ese momentum, y no olvides que en creatividad lo que se pierde, sigue otro camino… 

La Creatividad como lenguaje de programación de la vida

Cuando uno atraviesa las cosas que hace por el filtro de la creatividad, uno adquiere otra perspectiva de las cosas.

Las prioridades se organizan, las decisiones son más claras de tomar… 

… y la vida deja de ser una “sucesión de sucesos” para volverse una -construcción- de sucesos.

Una vida a la manera de uno no es gratis, ni se nos es dada. Es un desafío y una búsqueda personal del día a día. ¡Por suerte la Creatividad está siempre ahí para ayudarnos!

Antes de tener una buena idea…

¿De qué me sirve una buena idea si no tengo tiempo? ¿Si no tengo motivación? ¿Si me faltan las herramientas necesarias? ¿Si no se gestionar la frustración? ¿Si no puedo enfocarme en nada creativo?

Con las ideas pasa exactamente lo mismo que en la parábola: “Si el grano cae en terreno pedregoso, se seca y muere”

“Antes de tener una buena idea, prefiero tener una vida en la que las buenas ideas puedan realizarse”

Las buenas ideas ocurren de tanto en tanto, ¡muy cada tanto! Mientras tanto, en lugar de esperar sin hacer nada:

  • Reorganizar mi agenda para que haya tiempo para la creatividad
  • Estar siempre en contacto con las cosas que me motivan
  • Asegurarme de tener las mejores herramientas que pueda conseguir
  • Aprender a gestionar la frustración
  • Adoptar el hábito de práctica creativa

Se trata de un trabajo de todo los días que no hace más que preparar el terreno para que cuando la buena idea aparezca, ¡pueda suceder!

Manos a la obra, vamos.

“Tiende tu cama”

No se trata de comenzar el día con la cama ordenada. Se trata de la importancia de poder crear rituales positivos.

Las personas creativas necesitamos rituales ya que no solo nos ayudan a “ordenar el pensamiento” sino que también actúan de sostén y apoyo en este maravilloso caos que es vivir creando.

Para el que abandona, el premio es más de lo mismo

Tu parte boicot detesta el cambio y la incertidumbre. Activa cada vez que puede el instinto de conservación para que todo siga igual.

“Mejor conocido malo y aburrido, que bueno por conocer” te repite una y otra vez desde algún rincón de la conciencia que valora más sobrevivir que crecer. 

Y para lograr su objetivo activa mecanismos:

  • Te deja sin tiempo libre
  • Derrumba los pilares de tu autestima, un argumento a la vez
  • Te invita a compararte con el resto permanentemente
  • Encuentra siempre confirmaciones para sus argumentos
  • Es muy hábil hallando distracciones

Pero un creativo/a nunca abandona.

Nunca abandona la idea de crear algo representativo que tenga la capacidad de hacerle una muesca al universo

Nunca abandona las ideas que no funcionan, sino que las suelta para que alguien más las adopte o las transforma en otras posibilidad

Nunca se abandona a sí mismo, porque abandonarse a si mismo sería más de lo mismo…

y más de lo mismo no cambia nada.

Vivir creativamente

No recuerdo época de mi vida en la que no ande en alguna. Siempre tuve un proyecto, una idea en marcha, un emprendimiento llenándome la cabeza y el corazón de desafíos y preguntas. No todos salieron bien; quizás la gran mayoría fracasaron o quedaron en el olvido. Pero de alguna forma todos ellos fueron alimentando un impulso creativo que, conforme pasaron los años, mayor dimensión y aceleración cobró en mi vida.

¿Por qué esta fascinación/obsesión permanente de crear algo propio? Bueno, primero por que no sé hacer otra cosa. Y segundo porque temprano en la vida pude experimentar lo que se siente habitar un universo creado por uno mismo (cuando me encerraba a escribir canciones, o a hacer experimentos en mi laboratorio de química… ¡tenía 7 años!). Luego pasa el tiempo y la vida te da la oportunidad de chocar tu universo con el de alguien más (o el de muchos más) y ahí sucede la magia.

Y una vez que hiciste magia, no querés parar de hacer magia.

Esa es la vida creativa para mi:

  • Escoger el universo que quieras habitar
  • Crear(lo) y todo lo que lo conforma
  • Compartirlo con los demás
  • ¡Dejar que suceda la magia!

¡Y ojo! No se trata de estar permanentemente haciendo algo, sino, simplemente, de ajustar la sintonía fina de cuerpo, mente y corazón en la frecuencia que más te resuena. Pero vivir desde ahí, no desde otro lado.

Incertidumbre

Así como solo se necesita una pequeña chispa de luz para llenar un cuarto de algo que no sea oscuridad, solo se necesita una pizca de curiosidad para llenar un momento de algo que no sea vacío, temor y frustración.

Soy un convencido de que somos lo que aún podríamos ser. Y hacer. Nuestra próxima idea, nuestro próximo emprendimiento, ya lo llevamos en los genes, ya está cocinándose ahí dentro de nuestro subconsciente aunque no tengamos la más mínima idea de cuál debería ser nuestro próximo paso.

Si nos lo preguntamos, una y otra vez, casi como un mantra, la idea aparece. Siempre.

¿Qué es lo próximo que debería hacer?
¿A dónde está la oportunidad?
¿Qué está roto?
¿Qué me gustaría cambiar?
¿Cómo me gustaría estar mañana?
¿Qué me dice la intuición?
¿A qué le tengo miedo?

El año se termina y cada uno va haciendo su balance. Algunas cosas habremos logrado, y en otras seguramente hemos fracasado. Todo es experiencia y solo resta mirar hacia adelante, tomar la lámpara de la curiosidad y seguir avanzando en dirección hacia la incertidumbre.

Porque eso es lo que hacemos los creativos. Avanzamos y exploramos. Solo así podemos ir descubriendo, vivenciando, ¡experimentando! ese camino único y personal que nos lleva a realizarnos.

¡Avanza, solo avanza!

Las historias que nos contamos

Admitámoslo: somos muy buenos con el storytelling de cara “hacia afuera” pero somos patéticos con nuestro storytelling interior. Para el mundo tenemos perfiles de Instagram rutilantes, sitios Web limpios y ordenados, archivos de Powerpoint que parecen diseñadas por un ingeniero de la NASA. Todo eso nos ayuda a construir una historia que comunica quienes somos y qué es lo que venimos a aportar.

Pero sincerémonsnos: mientras trabajamos en todo eso, ¿qué sucede con nuestra historia interior?

“Esto no va a funcionar”, “estoy perdiendo el tiempo”, “no soy lo suficientemente bueno/a”, “no sé como lo voy a lograr”, etc.

¿Qué sería de nosotros si invirtieramos -al menos- una fracción del tiempo que invertimos en construir el storytelling exterior, en dar forma y sustento a nuestro storytelling interior?

“Las historias que nos contamos son los sucesos que creamos”