¿Qué ocurre con mi puño cuando abro la mano?

Desaparece misteriosamente. ¿Pero cómo? ¿No es que nada puede desaparecer? Bueno, el truco estriba en que el puño nunca existió como tal, sino que fue una conceptualización del suceso de tener una mano cerrada. Y los conceptos son tan frágiles que incluso en el momento menos pensado pueden desaparecer.

Los seres humanos somos muy buenos conceptualizando sucesos, aportándoles un nombre, una etiqueta, una categoría, un rincón en el cajón. En el proceso creativo, esa habilidad para la conceptualización utilizada de manera inconsciente puede encerrarnos en callejones de los que puede ser muy dificil salir. Pero si abrimos los ojos veremos que siempre seremos capaces de redefinir el concepto. Hablo de cuestionarlo, de darlo vuelta, ponerlo patas para arriba, estirarlo, aportarle datos, experiencia, juego y exploración.

Al hacer esto estaremos trascendiendo el concepto e iniciando un camino directo hacia la esencia de las cosas. Es cierto que los conceptos nos ayudan a describir el mundo que nos rodea; pero así como la palabra “árbol” no tiene tronco ni ramas ni hojas ni tampoco da sombra, de igual manera aún no hemos encontrado puño alguno que se resista al suceso de abrir la mano.

En Creatividad el desafío es siempre ir un poco más allá. No dejes que tus pre(conceptos) te cercenen el camino.

La resistencia

La resistencia de tener que aguardar cinco segundos cada vez que quiero mirar un video de Youtube ha hecho que practicamente ya no ingrese a esa plataforma.

La resistencia de tener que ir a buscar la guitarra al ropero y sacarla de la funda hace que pocas veces la agarre para tocar (por eso nunca la guardo).

La resistencia de tener que buscar un determinado libro en el caos de mi biblioteca hace que prácticamente nunca lo vuelva a abrir.

Si queremos ayudarnos a adoptar un hábito positivo, tenemos que asegurarnos de minimizar las resistencias a la hora de llevarlo a cabo. Todo aquello que se nos presenta como un obstáculo o una complicación, por más mínimo que sea, es un gran alimento para la parte de nosotros que prefiere que nada cambie.

Asímismo, si queremos cambiar un hábito negativo, incorporar algunas resistencias (como por ejemplo, esconder o alejar aquellos objetos de los cuales no queremos abusar) suele ser una estrategia muy efectiva.

Una sábana corta

Todos conocemos el síndrome de la sábana corta: nos cubrimos los hombros y se nos destapan los pies. Nos tapamos los pies, y se nos descubren los hombros. Nada más frustrante.

Pero solo asumiendo que la sábana es corta podemos hacer algo al respecto. Si no lo hacemos, nos la pasaremos toda la noche tironeando y siempre quedará algo al descubierto. Pero si aceptamos que la sábana es corta, podemos dejarla como está e intentar cubrir lo descubierto utilizando algo más.

Es probable que en tu proyecto o emprendimiento te estés aferrando a algunas sábanas cortas, e intentes cubrir con ellas cosas que no pueden ser cubiertas de esa manera. Visualizarlas y aceptarlas es el primer paso para poder hacer algo al respecto.

La transformación del liderazgo

Hasta no hace mucho tiempo, liderazgo era sinónimo de un héroe subido a un caballo al grito de “¡vamos para allá!”, seguido de un séquito de soldados (que muchas veces no sabían hacia donde iban, pero confiaban en la visión de su líder).

En el actual contexto de incertidumbre y vorágine permanente ya no se trata de que uno vea y todos sigan, sino de que todos vean. Porque lo que hay para ver ya no es del todo claro y debe ser revelado. Y bien sabemos que cuando buscamos algo, varios ojos ven más que dos.

El liderazgo de hoy no se trata (solamente) de transmitir una visión, sino de habilitar los espacios necesarios para que la revelación de esta visión pueda ser tambien un suceso colectivo. Salir del “personalismo” y pasar al “colectivismo” a través de un ejercicio ágil y dinámico de la empatía, la co-acción, y la exploración permanente es, a mi modo de ver, el mayor desafío al que se enfrentan los lideres de hoy.

Un vaso roto

Un vaso cae al piso y se rompe. Desde ese instante ya no sirve para su propósito (contener el líquido). En ese contexto, una persona probablemente recoja los pedacitos y los arroje a la basura.

Pero… ¿qué tal si hacemos el ejercicio de tomar los pedacitos y cambiarlos de contexto? En el atelier de un artista pueden servir para crear una obra de arte. En las profundidades del océano pueden ser erosionados y convertidos en piedras preciosas por la naturaleza. En la planta de reciclaje pueden ser transformados en un nuevo objeto.

Es por esto que la premisa muchas veces es observar lo que está roto y preguntarnos si (quizás) cambiándolo de contexto eso que “ya no sirve para nada” puede encontrar un nuevo propósito.

Muchas veces es así como surgen las grandes ideas.