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¿Estrategia o intuición? ¡Mejor ambas!

Muchos hemos experimentado cómo se nos eriza la piel cuando recordamos una escena de nuestra vida que nos causó mucha emoción, o cómo se nos estruja la panza cuando pensamos en la próxima fecha de examen. Es fácil pensar en que una idea o sensación que se genera en nuestra mente sea capaz de provocar una respuesta en el cuerpo. Pero ¿qué hay de nuestro cuerpo provocando cambios en nuestro comportamiento? ¿Podríamos tomar decisiones basados en lo que dicta nuestro corazón?

Bueno, muchas veces te habrán dicho o más aún, nosotros mismos hemos recomendado “Haz lo que te dicte el corazón”. Todos sabemos lo que esa frase significa y, cuando alguien nos lo recomienda, es como si hiciésemos a un lado la mente para darle mayor espacio a la intuición. Pero aquí ya avanzamos en un terreno un poco más complicado de explicar ¿Cómo se puede relacionar el corazón con la intuición? ¿Existe una respuesta real por parte de este músculo asociado al amor?

Por suerte varias de estas preguntas que estoy planteando ya tienen respuesta. Y, para acceder a ellas, tenemos que tener en cuenta un concepto muy interesante: la interocepción. La interocepción es la capacidad de percibir las señales sutiles de nuestro cuerpo, incluyendo piel, músculos y vísceras. Estas señales pueden ser muy diversas, tales como cambios en la temperatura corporal o en el ritmo cardíaco, pudiendo algunas ser casi imperceptibles. Con este concepto en mente, la frase “escuchar lo que dicen tus entrañas” cobra mayor sentido. Y más aún, la intuición pasa a formar parte del vocabulario científico, ya que se ha observado una mayor interocepción en personas catalogadas como más intuitivas. Según el neurocientífico António Damásio, la intuición toma forma, en parte, gracias a las señales emocionales provenientes del cuerpo. Es así que esa retroalimentación corporal representa una forma potencialmente poderosa de explicar las diferencias individuales en la habilidad intuitiva.

Interesantemente, según un artículo publicado en la revista Psychological Science, nuestra intuición sería capaz de influir en nuestra toma de decisiones, pero para ello hay que ser capaces primero de escuchar al corazón. ¿Muy cliché? Te cuento un poco más. Para medir esta capacidad de escucha, lo que realizaron fue evaluar en un grupo de personas la capacidad de autopercibir su latido cardíaco. Luego, a estas mismas personas las invitaron a realizar un juego virtual de cartas. El juego consistía en cuatro mazos con sus cartas boca abajo y una carta dada vuelta en el centro. Las personas tenían que adivinar de qué mazo había que sacar una carta tal que fuera del mismo color que la carta central. Si la elección era correcta ganaban dinero y si no, perdían. Este juego lo repetían varias veces, pero había algo particular en esta prueba. El juego no era para nada al azar, estaba programado para que haya más posibilidad de victoria al elegir dos de esos mazos. Sin embargo, las personas desconocían esta información y luego de muchos intentos terminaban de manera inconsciente aprendiendo a resolver el juego de la mejor manera usando sus habilidades intuitivas

Muchos de los participantes que finalmente encontraron una forma de ganar en el juego, reportaron haber confiado más en su intuición que en la razón, ya que los participantes no fueron capaces de develar cual era la estrategia del juego. Aun así, pequeños cambios en su ritmo cardíaco influían en la rapidez con la cual aprendían como ganar en el juego. De hecho, estas personas fueron las que previamente habían tenido una mejor performance percibiendo su latido cardíaco. El cuerpo había sido de alguna manera capaz de registrar ese aprendizaje y actuar en consecuencia. Y no sólo eso, sino que las señales corporales ocurrían antes de que la decisión finalmente fuera tomada. Algo así como si el corazón les estuviese soplando la respuesta correcta.

Pero atentos que no todo fue color de rosa, hubo personas que aunque les había ido muy bien en la evaluación de percepción de su latido cardíaco tomaron, contrariamente al grupo anterior, malas decisiones en el juego. Parecía como si en este caso la intuición les estuviese diciendo que es lo que no tenían que hacer en vez de lo que sí. Esto nos recuerda que al momento de tomar decisiones hay muchos sistemas que entran en juego y que ninguno de ellos tiene la supremacía o verdad absoluta. Estos sistemas están activos variando entre individuos y frente a distintas situaciones también. Así como no todo es pensamiento lógico, aquí vemos que en algunas personas una decisión basada totalmente en la intuición no fue del todo favorable. Quizás, si la estrategia de juego hubiese sido más evidente la respuesta combinada entre mente e intuición hubiese generado en estas personas una respuesta de juego más satisfactoria.

Me pregunto también, si esas personas a las cuales la intuición les jugó una mala pasada estaban tensas o ansiosas al momento de intentar resolver el juego. Las señales o intuiciones pueden ser muy diferentes tanto si estamos ansiosos como si estamos calmos, lo cual es válido también si la elección a tomar es puramente lógica. Por eso también es importante registrar nuestro estado al momento de tomar decisiones.

Mente y corazón están más asociados de lo que creíamos y tanto la información que viene de un sistema como del otro son necesarias para ayudarnos a tomar mejores decisiones. Para ello, puede resultar útil pensarnos como un sistema integrado donde todas las respuestas frente a una situación son igual de importantes, pudiendo realizar así una elección más holística y adaptada a nosotros.

Más información en…

https://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_Dam%C3%A1sio

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21106893/

Lucila Caceres Es neurocientífica y mentora de procesos creativos apasionada por combinar ciencia y autoconocimiento para motivarte a conectar con la autenticidad. Web:www.conexionbylu.comInstagram: @conexionbylu

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