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Ante todo, no olvidar del presente…
Eso dicen. Debe ser la frase más repetida en la historia de la humanidad. Y aún así, cuántas veces nos sucede que nos pasamos el día armando, planificando, coordinando una agenda eterna. Una actividad – evento – programa – viaje – reunión tras otra. Tratando de organizarlo todo.
Aquí se presentó mi desafío. Comenzó ayer al encontrarme escribiendo esta frase:

Se me complicó la cosa.
Para vivir plenamente, tenemos que aprender, en primer lugar, a apreciar la vida como un proceso, con todos los giros que propone. Por otro, una vida plena es una vida con propósito. Sea cual fuera y del calibre que aborde, propósitos que cambian el mundo y propósitos que solo nos cambian a nosotros mismos. Una vida que tiene dirección encuentra un sentido y por ende, plenitud.
Entonces aparecieron las dos caras de la moneda:
Por un lado, hay que estar presente en el presente, para ser conscientes del momento que estamos viviendo para apreciarlo como el proceso que nos toca transitar, con sus luces y sombras. Por otro, la mente también nos invita a explorar escenarios futuros, escenarios donde las cosas que deseamos suceden, donde conquistamos proyectos que nos encienden desde las entrañas. En otras palabras, nuestros propósitos.
Entonces, quizás, hace falta que la mente se escape al futuro para mostrarte ese destino al que quieres acercarte y vuelva al presente para construir un camino que te lleve a él. ¿Habrá que vivir un poco en el aquí y poco en el más allá?
Quizás esa plenitud que nos permite vivir más allá del miedo "al día en que nos vengan a tirar de las patas" se alcance viviendo aquí pero sabiendo hacia donde nos lleva el camino elegido.
Gracias por compartir este ratito conmigo.
Flor Ortelli
PD: y te dejo la segunda hoja, con una frase de Mark Manson

