Una idea aburridísima…

Científicamente, el día más aburrido de la historia fue el 11 de abril de 1954. Lo sabemos gracias a William Tunstall-Pedoe (sí, el mismo que luego desarrollaría la inteligencia artificial de Amazon), quien volcó 300 millones de datos en un sistema y descubrió que ese día… no pasó nada. Casi ninguna noticia relevante, ningún hecho extraordinario. Fue un domingo tranquilo, ordinario, olvidable. Tal vez el día más aburrido del siglo XX.

Desde entonces, algunas personas celebran cada 11 de abril como “El Día del Aburrimiento”. Y la verdad, me pareció una idea brillante. Tanto, que estoy pensando en adoptarla como práctica en mi vida. La mayoría de mis ideas y proyectos no surgieron en días llenos de actividad, sino en momentos de tedio. Días en los que no pasaba absolutamente nada. Y como no pasaba nada, mi cabeza empezó a preguntarse qué podría pasar.

Así funciona, muchas veces, la creatividad: cuando estamos aburridos, nuestra mente busca qué hacer… y en esa búsqueda, a veces, encuentra maravillas. Pero la verdad es que ya casi no nos aburrimos. El entretenimiento pasó de ser un momento al final del día a ocupar todos los huecos posibles a lo largo del día. Basta mirar esa pequeña pantalla que llevamos en la mano: siempre hay algo con qué distraerse. Siempre hay algo con que llenar el tiempo libre. Y en esa sobreocupación de estímulos, nuestra mente ya no tiene tanto espacio para imaginar cosas nuevas.

Entonces, me pregunté: ¿y si incorporo un “Día del Aburrimiento” en mi agenda?

Un día en el que no hago nada. No programo nada. Me expongo, a propósito, al enorme desafío de estar sin nada por hacer. Voy a probar. Sé que no será fácil, pero siento que puede ser un hermoso ejercicio para mi creatividad. ¿Te animás a intentarlo también? Ojalá te aburras un buen rato ❤️

Facundo Arena