Komorebi

Aunque me considero una persona espiritual, soy —paradójicamente— el primer escéptico. Lo respeto, pero el lenguaje de lo metafísico nunca fue lo mío. 

Sin embargo, con el paso de los años, cada vez compruebo con mayor claridad la verdad de una frase tan usada que roza el cliché:

Allí donde ponemos la atención, las cosas florecen.

La atención es energía. Bueno… todo es energía. Pero la atención es nuestra capacidad de ordenar esa energía. De dirigirla. Y cuando entendí esto, entendí que:

Muchas de las cosas que no sucedieron en mi vida no sucedieron porque mi atención —mi energía— estaba demasiado dividida.

Cuando empecé a enfocar la atención, todo cambió. Los átomos, las moléculas, las acciones y, sobre todo, las decisiones, comenzaron a alinearse y a materializar cosas extraordinarias. Muchas de ellas largamente soñadas.

Hoy entiendo que, en el fondo, todo se resume a eso: manifestar nuestra virtud creadora a través de la forma en que proyectamos nuestra energía.

Una frase que suena a manual holístico barato y que me incomoda escribir… pero que, aun así, siento que es verdadera.

Quizás todas estas revelaciones me llegan para que el escéptico vaya haciéndole lugar a la parte de mí que cree en la magia de estar vivos.

Mi palabra del año es komorebi: en japonés significa “los rayos del sol filtrándose entre las ramas de los árboles”.

Existen muchas interpretaciones de esta palabra, pero la que más me hace sentido hoy es la que nos recuerda que la vida está llena de cosas que nos “tapan el cielo”. Aun así, la luz siempre encuentra la manera de colarse entre ellas. Uno puede elegir enfocarse en la sombra, o puede elegir enfocarse en la luz.

Esa decisión lo cambia todo. Y eso también es proyectar energía (crear).

Gracias, de todo corazón, por acompañarme en este 2025. De algún modo, este espacio y tu atención fueron mi komorebi.

Te deseo un 2026 repleto de oportunidades para expresar-te.

Facundo Arena