Cuando era niño, quería ser grande…

Pensaba que creciendo resolvería todos mis "problemas de niño" (podría ir a donde deseara, comprarme lo que quisiera y hacer lo que quisiera sin pedir permiso).

Pronto descubriría que estaba equivocado. Crecer solo traería nuevos problemas. Problemas de grande (con frecuencia peores que los de niño).

Durante mucho tiempo creí que mis problemas eran solo míos y que como "dueño de mis problemas", solo yo podría resolverlos. ¡Ojalá alguien me hubiera evitado caer en esa trampa! Me costó años de gastar energía y frustración.

Esta es la verdad: Nuestros problemas no son solo nuestros, y por eso no podemos resolverlos solos.

Lo descubrí cada vez que alguien me tendió una mano, me ofreció una perspectiva distinta o simplemente me acompañó en silencio. A veces solo necesitamos que otro nos devuelva una pregunta en lugar de una respuesta.

Con el tiempo entendí que crecer no es "tener" soluciones, sino aprender a apoyarme en los demás, a dejarme guiar, a compartir el peso en los momentos difíciles. Crecer, en definitiva, era aprender a caminar con otros.

Porque los problemas pueden ser (o sentirse) muy "tuyos", pero las soluciones, casi siempre son "nuestras".

Ahora ve, y encuentra a alguien en quien apoyarte.

Facundo Arena

PD: La psicología social también lo confirma: Nos cuesta pedir ayuda porque asumimos que molestaremos o seremos una carga. Pero, en realidad, la mayoría de las personas desea ayudar y se siente bien haciéndolo. De hecho, por eso me volví Coach Creativo ¡porque se siente muy bien!