Volver a donde has sido feliz no es necesario, es obligatorio.

"Al lugar donde haz sido feliz no debiertas tratar de volver", dice Joaquín Sabina en una canción.

Yo no se si estará en lo correcto o no. Solo sé que hace unos días estuve en un lugar que, hace 7 u 8 años atrás, fue feliz. Volví a un lugar donde me teletransportaba lejos de la ciudad. Quizas al otro lado del mar, como si estuviera en Dinamarca, o en Suiza; o quizas hacia el sur de mi país, a Bariloche, o El Bolsón.

Ese lugar era un pequeño refugio antes de enfrentarme al caos del día. En una época no muy feliz, pasaba por esa puerta y me olvidaba de lo que estaba sucediendo afuera.

Conocí esa cafetería en el 2018, si no me falla la memoria. En ese momento era tan solo un pequeño local. Su interior tenía unos 8 metros cuadrados. Tenía una barra cortita donde no entrabamos más de 3 o 4 personas. Recuerdo la madera oscura, el ruido de la cafetera, la luz tenue, el barrio en silencio. Todo iba más despacio. Todo me hacía sentir un poquito más en paz.

Lo atendía su dueño, cuyo nombre no recuerdo. Era un hombre alto, canoso, con barba candado, que solía usar camisas con los estampados más locos.

Siempre estaba de buen humor. Se notaba que era de esos que tuvo mil vidas en una, que fue y vino, y que su casa / café al lado de las vías del tren era claramente su lugar en el mundo.

Me acuerdo que una vez le pregunté a qué se dedicaba además de atender la cafetería. Me dijo que era arquitecto (qué casualidad) y que su esposa era una artista. Que en ese momento estaba de viaje por no se donde. Hacía un café riquísimo y siempre tenía algo distinto para acompañarlo.

Él no lo sabía, pero yo usaba su cafetería para escaparme del día que estaba por venir, pensando en otras cosas entre esas cuatro paredes revestidas de madera.

Pasó el tiempo, emprendí una nueva vida y deje de transitar esas calles.

7 años después y con la frase en de Sabina dando vueltas en la cabeza, me animé a volver a ese lugar. Me encontré con que había crecido, expandió sus fachadas, la gente se sentaba feliz en la vereda y ya no lo atendía el señor de las camisas locas sino 4 baristas dentro del local.

Quizas Joaquín tuvo la mala suerte de que volver a un lugar que ya no era el mismo. Ojala le hubiera tocado la mia, pues es maravilloso saber que todavía sigue allí, que su esencia está intacta y inclusive ahora es una gran expresión creativa en sí misma.

Hay lugares que tienen el super poder de teletransportarnos. ¿Cuál es el tuyo?

Flor Ortelli

Esta fue la máquina para teletransportarme. Mientras estaba tomando mi café apareció el dueño. Lo vi pasar para despedirse de alguien. No me animé a decirle nada. Lo único que puedo decir es que se lo venía tan feliz como siempre.