Lecciones de un dia laaaaaargo

No sabía que existían semanas que no tienen siete días, sino que son más bien un solo día laaaaargo largo. Yo acabo de tener una de ellas. Inició el lunes pasado, como cualquier otro lunes. Tenía preparado un tema para el podcast súper interesante. Entonces, un llamado telefónico me pegó como patada de karate: Mi padre había tenido un ACV.

Miedo, corridas, incertidumbre, largas esperas, bronca, noches sin dormir. Un solo día laaargo largo.

Gracias al cielo él ya está bien, recuperándose en su casa e iniciando un nuevo capítulo en su vida. Y yo, siento que recibí una gran lección:

Cada vez que lo veía sonreír en medio del caos, gratitud.

Cada vez que ponía la cabeza en mi almohada luego de pasar la noche sin dormir en el hospital, gratitud. Cada vez que tenía un ratito para comer algo, o tomar algo caliente, gratitud. Cada vez que venía mi hija corriendo a jugar conmigo (y mis fantasmas), gratitud.

Contrastes. Como los odio. Sin ellos qué difícil es para nosotros aprender a valorar y agradecer lo que tenemos y muchas veces damos por sentado. Pero al mismo tiempo son tan necesarios… ¿como sabe uno cuando está feliz si nunca la pasa mal?

Quizás la lección de este día laaarargo largo fue comprender que la gratitud no es un premio para cuando todo sale bien, sino una decisión que podemos tomar incluso cuando todo parece tambalearse. Porque si esperamos a que la vida esté "en orden" para decir gracias, puede que esperemos demasiado. Entonces, ¿qué pasaría si hoy —sin necesidad de un golpe, sin necesidad de perder algo— decidieras hacer un inventario silencioso de lo que sí está? Que buena forma de empezar a ensayar la gratitud… ¡Gracias por leerme! ❤️ Facundo